
Aun resuena entre las olas
el suave murmullo de tus ojos
que en un débil intento por detenerme
se cerraban impacientes.
El viento trajo consigo
el grito potente de tu mirada
que fija y constante pedía
que mis labios de tu cuerpo no apartara.
Y como puedo yo negarme
a tu piel ajena besar
si apenas tocarla yo ciento
que entre tus pechos quiero habitar.

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